Rosa Wernicke (1907-1971)“...Pero, ¿qué es lo que oculta aquella cortina de árboles? Lo que oculta es simplemente un mundo miserable y extraño, un mundo que nada tiene que ver con la fascinadora ciudad aunque esté dentro de su perímetro. Lo que oculta es algo que nadie quiere ver porque es demasiado feo, demasiado triste y desamparado. No quieren ver y cierran los ojos y se tapan los oídos. Nadie, nadie absolutamente nadie quiere ver la miseria y sin embargo no hay misterio ni más profundo ni más cercano. La miseria es tan vieja como el mundo y más antigua que la religión. Su olor repugna, su espectáculo deprime. No se extingue ni desaparece, ni puede descubrirse. Se levanta junto al oro. Frente a los felices y a los egoístas surge constantemente su oscuro rostro de piedra. Su risa es una mueca, su queja es un aullido, su voz es como el sordo rumor de las mareas. Avanza con agresividad de ola para mostrar estómagos vacíos, pies descalzos y mezquinos harapos. ¿ Cómo entonces no verla? Para contemplarla en su escueta, impresionante desnudez, basta con alejarse un poco del rumoroso corazón de la ciudad y acercarse, a la sórdida barriada de un vaciadero municipal."Rugen imperiosas las sirenas de los grandes vapores. Lejos se oye el zumbar de los automóviles y el espaciado rumor de los tranvías eléctricos."Estamos a las puertas del infierno. Un infierno en el que cualquiera puede entrar y salir..."